miércoles, 8 de octubre de 2008

HOMOSEXUALIDAD EN SIRIA: "Hacia la creación de nuevas realidades" Por Wissam Tarif



Wissam Tarif
escribe que en Siria no existe tolerancia alguna hacia la homosexualidad. Durante los últimos 8 años, Al-Assad hijo ha seguido los pasos de su progenitor. Damasco sigue bajo la sombra de un régimen totalitario al que, no obstante, se oponen más y más intelectuales sirios, quienes empiezan a expresar de forma pública sus ansias de democracia y libertad, de reforma y de plenos derechos humanos. Las pocas organizaciones de derechos humanos que existen en Siria jamás mencionan el tema de la orientación sexual, pero eso no significa que no sean conscientes de la realidad. Hay que construir puentes y edificar alianzas para que las ONGs sirias se involucren en el compromiso en favor de los derechos del colectivo LGBT.

Wissam Tarif es Director de la Fundación por la Defensa de los Prisioneros de Conciencia – FDPOC.

El partido Baath (que significa ‘renacimiento’) llegó al poder en Siria el 8 de Marzo de 1963. Y desde entonces ha impuesto la ley marcial, suspendiendo así las protecciones constitucionales de la ciudadanía siria.

En el año 2001, Bashar Al-Assad fue instaurado como Presidente en un referendo unánime tras la muerte de su padre Hafez Al-Assad. En un país donde la mayoría de los parlamentarios son elegidos directamente por el Presidente, el Consejo de Ministros simplemente hace lo que les manda el Jefe de Estado. Y en una estructura política en la cual los propios miembros del Consejo de Ministros no quieren destacar, precisamente, por intervenir en asuntos políticos, se depositaba mucha ilusión en la esperada iniciativa de Al-Assad hijo, ya que era sabido que había pasado muchos años estudiando en el extranjero, concretamente en el Reino Unido. Este contacto con el extranjero, por lo tanto, hacía esperar que al llegar al poder, Bashar Al-Assad iba a introducir las tan necesitadas reformas al país, y de esta manera contribuir al establecimiento de la Democracia en Siria.

Sin embargo tras asumir el poder, el nuevo Presidente contradijo el juramento de su discurso inaugural, en el que prometió reformas y Democracia. Una vez instalado, lo que sí puso en marcha fue la persecución de los promovedores del movimiento denominado “La Primavera de Damasco”, un movimiento reformista cuyo propósito era establecer la Democracia en el país.

Sin embargo, durante los últimos 8 años, Al-Assad hijo ha seguido los pasos de su progenitor. Siria sigue bajo la sombra de un régimen totalitario al que, no obstante, desde la aparición de aquel hito de la historia moderna de Siria a la que ya he hecho referencia, es decir de la denominada “Primavera de Damasco” como movimiento, se oponen más y más intelectuales sirios, quienes empiezan a expresar de forma pública sus ansias de Democracia y libertad, de reforma y de plenos derechos humanos.

La mayoría de aquellos intelectuales democráticos se encuentra hoy día en las cárceles del Estado sirio, habiendo sido perseguidos y acusados falsamente. Las ONGs sirias de derechos humanos, a pesar 1) de no estar reconocidas, 2) de tener que soportar las múltiples limitaciones y restricciones impuestas por la administración, y 3) de tener que convivir con la constante amenaza de ser clausuradas por las autoridades, siguen abogando por los derechos humanos en el país. La realidad es que Bashar ha conseguido establecer en Siria un Tribunal de Seguridad Nacional que de alguna manera involucra también a los tribunales de carácter penal para de esta manera conseguir condenar a los reformistas y a los activistas pro derechos humanos, quienes en los tiempos de su padre, eran encerrados directamente en la cárceles, o eran desparecidos o asesinados.

¿Sería esto a lo que se refería el actual Presidente de Siria, Bashar Al-Assad, cuando en un discurso que presentó en París en el año 2008, habló de “los pequeños pasos hacia la democracia” que Siria iba a emprender bajo su presidencia?

Por otro lado, Amnistía Internacional considera que aquellas personas encarceladas a razón de su orientación sexual son prisioneros de conciencia. Las pocas organizaciones de derechos humanos que existen en Siria jamás mencionan el tema de la orientación sexual, pero eso no significa que no sean conscientes de la realidad. Pero vamos a ser sinceros: la mayoría de los activistas de derechos humanos en Siria opina que no vale la pena hacer un esfuerzo a favor de los gays, las lesbianas, bisexuales, y transexuales. Incluso se podría decir que la mayoría de ellos incluso consideran que la sodomía, y las relaciones homosexuales en general, sí que deben ser penalizadas. Esto es una realidad con la que tenemos que trabajar de forma íntegra y que no debemos intentar ignorar si nuestro propósito es ser eficaz en la lucha LGBT en la región. Son estas las realidades que hemos de transformar con una labor seria.

Lamentablemente, la falta de éxito al momento de involucrar a las ONGs de derechos humanos sirias no se debe solamente a una visión puramente islámica o conservadora respecto al tema LGBT. Se debe también a la falta de fondos, de recursos, de formación, y de un personal preparado. Una de las ONGs de más éxito en Siria, involucrada en la defensa jurídica de los prisioneros de conciencia, es SWASIA. Sin embargo, esta Fundación no es nada más ni menos que la labor continua de una sola persona, ¡y no más!

El Artículo 520 del Código Penal sirio de 1949 prohíbe las relaciones homosexuales, penándolas con 3 años de prisión. A pesar de ello y de facto, la ley no es recurrida, sino que es suspendida. No obstante, sí que es verdad que la Policía de Seguridad siria puede utilizar la orientación sexual de las personas como arma para chantajear, hostigar, vejar y de ésta forma conseguir utilizar al colectivo LGBT en su obtención de información y reforzar su control sobre y contra la ciudadanía.

La suspensión del Artículo 520 del Código Penal no ha supuesto que el régimen sirio no haya seguido oprimiendo y persiguiendo al colectivo LGBT, ya que la utilización de recursos jurídicos alternativos existentes han hecho todo eso posible a través de los tribunales sirios.

La prisión de Adraa, situada en las afueras de la capital Damasco, es notoria por la existencia de su Sección número 7, albergando de forma dedicada a los considerados delincuentes y criminales sexuales. En estos momentos se sabe que son 56 personas las que se encuentran en la Sección número 7: 19 de ellas son gays, dos de ellas menores. 9 han sido condenadas por delitos de violación, 3 por abusar sexualmente de menores, y respecto al restante de 25 no nos ha sido posible definir claramente la causa de su estancia en la prisión, ya que recopilar la información resulta muy difícil y extremadamente peligroso. Lo que sí está claro es que, para el régimen sirio, no existe distinción alguna entre los pedófilos, los violadores y los homosexuales.

Lamentablemente, las ONGs internacionales han fracasado al momento de saber crear redes locales de apoyo – tanto en lo que a la lucha general por los derechos humanos se refiere, como a los ámbitos de los temas concretos respecto a la lucha por los derechos LGBT.

Desde mi punto de vista, ciertas ONGs sirias podrían ser involucradas en el compromiso pro-LGBT siempre y cuando los recursos, los fondos y la formación fuesen adecuados. El compromiso debe centrarse contemplando sobre todo la provisión de servicios asistenciales como, por ejemplo, la creación de un sistema de representación jurídica y el establecimiento de una infraestructura de seguridad para el colectivo LGBT.

Pero ese compromiso se tiene que alimentar y desarrollar. Sí que es verdad que existen en Siria activistas que conciben los derechos humanos como algo compartido por todo ser humano sin distinciones. Nuestra labor es saber indicarles el camino hacia un mayor compromiso con y para el colectivo LGBT en Siria.

Tengámoslo bien claro: en Siria no existe tolerancia alguna hacia la homosexualidad. La sociedad siria es una sociedad mayoritariamente musulmana y conservadora, que por razones históricas ha llegado a una cierta convivencia con una minoría cristiana. Pero esa minoría es igualmente ortodoxa y conservadora.

En lo que a las vidas LGBT en Siria se refiere, pues la gente sí es verdad que se puede reunir en ciertas cafeterías, o en ciertos parques y espacios públicos. Pero esas personas siempre están expuestas al riesgo de que la policía siria les exija identificarse mostrando sus carnés de identidad, y de ésta manera mantenerlos registrados en una base de datos de toda aquella gente sospechosa de ser LGBT. Posteriormente, es el régimen quien decide cuando conviene utilizar dicha información. Sin duda, es en el momento político adecuado para el Estado, cuando le convenga mostrar su faceta más islámica por razones políticas internas y así esquivar la acusación de ser demasiado ´seglar´ cuando puede resultar conveniente sacarle provecho a esa base de datos. No nos olvidemos de otro momento político muy parecido, ocurrido en Egipto tras la celebración de una fiesta en un barco, que condujo a la detención de un buen número de gays por parte de las autoridades egipcias.

Es otro país, sí que es verdad, pero es el mismo escenario: la gente LGBT aislada, sin recursos de defensa, sin organización adecuada, sin apoyo ni infraestructura está siempre expuesta a las corrientes de las necesidades políticas del día de la región. Por lo tanto, lo importante es trabajar para empezar a proyectar con eficacia y con realismo esas estructuras de apoyo que sólo pueden resultar desde la amplia estructuración de los activistas de a pie y de las ONGs in situ. Para eso necesitamos construir. Construir puentes y edificar alianzas.

Espero que entre todos podamos empezar esa necesaria coordinación y unión. De hecho, una cosa creo que sí es cierta: como ciudadanos del mundo, lo estamos haciendo ya.